martes, abril 24, 2007

Los secretos del hielo antártico


La Argentina fue el primer país del mundo en contar con una base permanente en la Antártida, en 1904. Hoy la visitan turistas y es el centro de las miradas de los científicos por ser la mejor ventana para estudiar el cambio climático, la amenaza del planeta.Mirada desde muy alto, a través de los ojos de un satélite, su imagen parece la hoja de un árbol. Es el continente más frío, ventoso y seco de la Tierra. Lo llaman la fábrica meteorológica del planeta, y no es en vano, ya que allí pueden alternar las cuatro estaciones en un mismo día. Parte del misterio radica en que la nieve que cae en la Antártida no se derrite. En lugar de ello, el peso de las subsecuentes nevadas la va “quemando” y la comprime. La capa de hielo (o permafrost) que cubre el Continente Blanco ha crecido luego de años y años de nevadas. Su grosor promedio es de 2200 metros. Dentro del núcleo o corazón de esos enormes macizos existen polvo, sustancias químicas y burbujas de aire –atrapados durante el proceso de formación de hielo– que son como huellas dactilares capaces de hablar de la historia geológica de nuestro planeta. Los científicos utilizan esos núcleos helados para estudiar los cambios climáticos de la tierra y la atmósfera detrás de claves que expliquen el fenómeno del calentamiento global, proceso que abre un signo de interrogación sobre el futuro. Además, esas enormes masas de hielo contienen casi el 90% del agua del planeta, y al menos el 70% de ese vital líquido es agua potable, lo que convierte a la Antártida en la reserva de agua potable del planeta. Sus 14 millones de kilómetros cuadrados de superficie ganan 20 millones más cuando buena parte del mar que la rodea se congela y lo vuelve el tercer continente más grande del globo. En la Antártida hace mucho frío; el récord: casi 90º bajo cero. Tomar una bocanada de ese aire puede generar un espasmo capaz de causar un infarto. Soplan vientos de hasta 330 km por hora. Los temporales son sordos, sin truenos ni relámpagos, y arrastran la nieve endurecida. En la jerga antártica se los llama blizzard. El aire que se respira y el suelo que se camina allí son los más puros y asépticos del planeta: no prosperan virus; sí, algunas bacterias, levaduras y hongos. En la Antártida ocurren fenómenos ópticos únicos. Por ejemplo, la aurora austral, por arriba de los 100 km de altura, vinculada con los vientos solares. O el blanqueo, durante el que no hay sombras, o los espejismos, que se producen cuando los rayos de luz se refractan en la superposición de capas de aire. Y, por supuesto, en el centro del continente –el Polo Sur–, el amanecer y el anochecer dos veces al año: durante seis meses es de día y durante los otros seis, de noche.

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